HACIA UNA TEORÍA DEL AGENCIAMIENTO

HACIA UNA TEORÍA DEL AGENCIAMIENTO
En un sentido más general, “agenciamiento” es un todo cuyas propiedades emergen de las interacciones de las partes. Quizás pueda verse más como un ‘estado de las cosas’ que como una ‘cosa’ o una colección de partes. El agenciamiento no es tampoco un sistema organizado en el sentido de que su funcionamiento sea orgánico: las partes de un organismo, como la rama de un árbol o una organización como la de una ribera, han recibido o tienen necesariamente, en su totalidad, un rol orgánico. Pero las partes de un agenciamiento son más contingentes que necesarias, pues ellas está agregadas, mezcladas y compuestas; como una ‘máquina’ pueden ser retiradas y utilizadas en otros agenciamientos. Por ejemplo, una calle no es ni un ‘cosa’ ni una colección de cosas desagregadas. Los edificios, árboles, coches, aceras, bienes, personas, señales, etc., todas ellas juntas devienen ‘calle’, pero es la conexión que se da entre ellas la que lo convierte en agenciamiento o lugar. Son las relaciones de edificios-aceras-carreteras; los flujos de tráfico, personas y bienes; las interconexiones del espacio público y el privado, y el de la calle con el de la ciudad, el que hace una ‘calle’ y lo distingue de otros agenciamientos como parques, plazas, autovías, centros comerciales y mercados. Sin este agenciamiento la acera no es más que un agenciamiento adicional o agregado de las conexiones entre ‘cosas’ y ‘prácticas’. Y el agenciamiento es también dinámico – árboles y personas crecen y mueren, los edificios son construidos y demolidos. Es el flujo de la vida el que da a la calle su intensidad y su sentido de lugar. Todos los lugares son agenciamientos.
 
De Landa ve el concepto de agenciamiento como un concepto clave en la obra de Deleuze, una especie de piedra angular para lo que él denomina como ‘teoría del agenciamiento’. Filosóficamente este es un intento de acabar con toda forma de reduccionismo – tanto el reduccionismo a las esencias como el reduccionismo al texto. Es empírico sin el empirismo científico esencialista; da prioridad a la experiencia y a la sensación sin el idealismo de la fenomenología; y busca entender la realidad más que como un constructo social reducido al discurso. La teoría del agenciamiento evita este esencialismo centrándose en procesos contingentes e históricos que producen agenciamientos y para ello ofrece una aproximación a teorías del lugar sin las reducciones simplistas y esencialistas que durante tanto tiempo han dominado el discurso.
 
Para Deleuze y Guattari el agenciamiento se concibe y estructura a través de dos dimensiones interconectadas en un esquema filosófico que ellos denominan como la ‘tetravalencia del agenciamiento’. El primero de estos, más bien entendido como materialidad frente a expresión, vincula las interacciones materiales de cuerpos y espacios con la expresión de significado a través de proposiciones, lenguaje y representación. Pero no es una dialéctica –  pues los agenciamientos son siempre tanto materiales como expresivos. El polo expresivo del agenciamiento cubre también ‘códigos’ que gobiernan las formas de expresión. Volviendo a nuestro ejemplo urbano podemos ver que la calle es un agenciamiento de cosas materiales, flujos y conexiones espaciales que co-existen con narrativas representacionales, códigos de diseño urbanos e intensidades. Los sentidos o significados del lugar no pueden encontrarse ni en el material de la forma urbana ni como simples agregados a ella, sino que más bien son parte integral del agenciamiento. En este sentido, la teoría del agenciamiento tiene la capacidad de cicatrizar la brecha en el pensamiento que separa las cuestiones expresivas de las materiales, un problema particular de la teoría arquitectónica. 
 
Ver lugares como agenciamientos es evitar la reducción del lugar al texto, al material o a la subjetividad de la experiencia. Lo que llamamos ‘sentido de lugar’ es un fenómeno que conecta o tiende un puente entre las dimensiones de expresión y materialidad; no puede ser reducido a una esencia o a una construcción social. 
 
La segunda dimensión del agenciamiento es el eje territorialización–desterritorialización, que media el grado en que tal agenciamiento es estabilizado o desestabilizado. Esta dimensión se cruza con la dimensión material/expresivo en que territorios se inscriben a través de una mezcla de los límites de lo material y lo expresivo. El concepto de territorio es aquí lo suficientemente amplio como para abarcarlo todo, desde los ritmos de un perro que orina al nacionalismo; para Deleuze y Guattari el territorio es creativo más que defensivo, una forma de devenir en el mundo.
 
TERRITORIALIDAD/SEGMENTARIDAD
 
La dimensión territorialización–desterritorialización es esa a través de la que las identidades y las fronteras sociales y espaciales son inscritas y borradas. Territorialización no significa aquí algo mucho más diferente de lo que significa en etología, pero sin ese esencialismo:
 
El territorio es en primer lugar la distancia crítica entre dos seres de la isma especie: marcar sus distancias. Lo mío es sobre todo mi distancia, sólo poseo distancias. No quiero que me toquen, gruño si entran en mi territorio, coloco pancartas. La distancia crítica es una relación que deriva de las materias de expresión. Se trata de mantener a distancia las fuerzas el caos que llaman a la puerta.
Mil Mesetas – Deleuze y Guattari [i] 
 
Aquí territorialización abarca desde una patrulla fronteriza a la famosa inscripción de Brecht, desde la construcción de una urbanización hasta a ti mismo dejando tu abrigo en la silla de un bar. Me vienen a la mente las tres capas de Altman: primaria, secundaria y territorios públicos. Primaria cuando cerramos la puerta de la habitación, secundaria cuando los territorios son compartidos por un club y pública cuando esos territorios puede ser apropiados por cualquiera, como el parque de la calle. Sin embargo, para Deleuze y Guattari no puede haber un sistema tan simple desde que los territorios son sujetos de desterritorialización – el movimiento mediante el cual los territorios son erosionados: la tiza o la orina que se lava y elimina, los edificios que son demolidos, las naciones invadidas. Desterritorializar elementos es recombinarlos en nuevos agenciamientos a través de procesos de reterritorialización. El territorio es una estabilización de agenciamientos, estableciendo una zona que mantiene el caos y la diferencia en la bahía. En un pasaje clave, Deleuze y Guattari describen el proceso de territorialización y desterritorialización en tres pasos: establecimiento de un centro de orden, seguido de la inscripción de una frontera en torno a ese centro, seguido finalmente de la ruptura de esa frontera: 
 
Uno está en su casa. Pero esa casa no preexiste: ha habido que trazar un círculo alrededor del centro frágil e incierto, organizar un espacio limitado. […] Las fuerzas del caos son, pues, mantenidas en el exterior en la medida de lo posible, y el espacio interior protege las fuerzas germinativas de una tarea a cumplir, de una obra a realizar. Hay toda una actividad de selección, de eliminación, de extracción para que las fuerzas íntimas terrestres las fuerzas internas de la tierra, no sean englutidas, puedan resistir, o incluso puedan extraer algo del caos a través del filtro o la criba del espacio trazado. […] Ahora, por fin, uno entreabre el círculo, uno abre, una deja entrar a alguien, uno llama a alguien, o bien uno mismo sale fuera, se lanza. Uno no abre el círculo por donde empujan las antiguas fuerzas del caos, sino por otra zona, creada por el propio círculo. Como si él mismo tendiera a abrirse a un futuro, en función de las fuerzas activas que alberga. Uno se lanza, arriesga una improvisación. Improvisar es unirse al Mundo, o confundirse con él.
Mil Mesetas – Deleuze y Guattari [ii]
 
Devenir en el hogar está relacionado con el ‘estribillo’, una forma de expresión con diferentes significados cada vez que es repetida, como una canción que se aventura hacia adelante con cada verso antes de volver al estribillo. Los eventos repetitivos de cada día, de la vida, construyen un sentido de hogar a través de la familiaridad y el orden, pero este sentido de hogar no significa nada sin un viaje, sin la conexión con la diferencia. Cada agenciamiento es básicamente territorial. La primera regla concreta de los agenciamientos es descubrir que la territorialidad que envuelven, porque siempre hay una, descubre los agenciamiento del territorio de alguien, humano o animal: hogar. Los territorios son definidos no solo por sus fronteras sino también a menudo por sus uniformidades internas. Aquellos que habitan un mismo vecindario pueden ser de una clase similar de personas que inhabitan de forma similar unos tipos de casas. El agenciamiento conocido en un seminario es territorializado en una habitación particular por un tiempo particular, las fronteras son sostenidas en espacio y tiempo, admiten a algunas personas mientras excluyen a otras. El agenciamiento conocido como ‘familia’ es territorializado en una ‘casa’, una ‘corporación’ en una ‘oficina’, una ‘comunidad’ en un ‘vecindario’, etcétera. En cada caso tanto las exclusiones espaciales como sociales operan para ejecutar fronteras espaciales y excluir a los no-miembros del agenciamiento. Una demanda o articulación de privilegios o exclusiones de clase más sutiles (por ejemplo, el sentimiento de ‘estar fuera de lugar’) puede llegar a excluir a personas de un aprendizaje de forma mucho más efectiva que lo que lo pueden hacer paredes u horarios. Demolición, robo o asalto son formas de desterritorialización. Cualquier proceso que desestabilice las fronteras espaciales o aumente la heterogeneidad interna es considerado como desterritorialización. El espacio público de una calle urbana está relativamente desterritoria
 lizado e interconectado con otras calles; territorios públicos tales como plazas de aparcamiento, mesas de café y bancos públicos son ocupados y desocupados; tiendas y negocios son abiertos y cerrados; la vivienda puede verse desde los dos lados. Territorialización es un proceso sintético que permite formar totalidades a partir de partes, identidades desde diferencias.
 
Un asunto clave para entender el lugar como agenciamiento es aquél que se centra en el problema de cómo las fronteras son utilizadas para inscribir territorios, lo que Deleuze y Guattari llaman segmentaridad:
 
Todos estamos segmentados por todas partes y en cada dirección. El ser humano es un animal segmentado. […] Viviendo, moviéndose, trabajando, jugando: la vida está espacial y socialmente segmentada. La casa está segmentada de acuerdo a sus ‘habitaciones’ a las que se les asigna propósitos; las calles, de acuerdo al orden de la ciudad; la fábrica, conforme a la naturaleza del trabajo.
Mil Mesetas – Deleuze y Guattari (1987: 208)
 
Estas son las tres formas primarias de segmentación: binaria, circular y lineal. Segmentación binaria es por lo general una división de categorías sociales binarias, tales como clase alta/baja, hombre/mujer, joven/viejo y negro/blanco. Urbanizaciones, asentamientos de colonos y naciones desarrolladas están basadas en la clase, y a menudo también en la raza. Asilos, clases, residencias universitarias y centros de salud son ejemplos de segmentaridad por edad. Baños de hombres, escuelas no mixtas y clubs de hombres involucran segmentaridad por género. La segmentaridad circular se da cuando los segmentos son nidificados en relaciones jerárquicas como una habitación es cercada o rodeada a su vez por la casa, el vecindario, la ciudad y la nación. Estos modelos de segmentaridad coexisten con la segmentación binaria anidada con agenciamientos circulares más largos. Segmentación linear es donde hay una progresión sobre el tiempo a través de diferentes segmentos que pueden o no ser espacialmente contingentes: preescolar > primaria > secundaria > universidad. 
Formas de segmentaridad lineal que recubren edificios y ciudades implican un movimiento lineal a través de una secuencia de espacios designados para producir unos determinados efectos de lugar. Ejemplos de esto incluirían una secuencia coreografiada del arte más mercantilizado (entrada > galería > galería > galería > tienda > salida) y las líneas de viajes (check-in > seguridad > tiendas > sala > avión > tiendas > seguridad > salida). Cada uno de estos tipos segmentarizados están orientados en torno a microprácticas de poder. La segmentarización binaria no solo divide de acuerdo a la raza, clase, edad y género, sino que también se asegura de que no haya lugar para lo híbrido. La segmentaridad concéntrica puede operar para asegurarse una cierta resonancia entre lugares a diferentes escalas y peldaños de jerarquía: la sucursal bancaria resuena con otros cuarteles tal y como la estación de policía lo hace con el Estado. Los segmentos lineales pueden estabilizar secuencias de formación de identidad, estimular el consumismo y construir un sentido de temor o admiración – los recursos utilizados en la aproximación a centros políticos y de poder corporativo son otro ejemplo.
Estos tres diagramas de segmentaridad está interconectados y superpuestos desde que los segmentos pueden ser presentados en relaciones binarias, anidadas y secuenciales de forma simultánea. Esta discusión de la segmentaridad podría exigir una comparación con los análisis de la sintaxis espacial desarrollada por Hillier y otros análisis de las relaciones de espacios segmentados de acuerdo a determinados genotipos y características como la relativa integración de segmentos, pero dejaremos esta cuestión para más adelante.
[…]
Si queremos tomar seriamente la noción de lugar-como-agenciamiento, entonces necesitaremos saber mucho más sobre cómo funcionan los lugares y cómo estos se transforman. Esta es la brecha que se está encontrando gran parte de la investigación que está aplicando la teoría deleuziana al análisis de las formas de construcción – los diferentes mecanismos que operan en diferentes escalas de habitación, edificio, vecindario, ciudad y nación. Uno de los asuntos fundamentales estriba en la práctica de los mapas de lugares. Para Deleuze y Guattari mapear es un acto creativo que distinguen del rastreo: lo que distingue el mapa del rastreo es que este está enteramente orientado hacia la experimentación en contacto con lo real. El mapa tiene que ver con lo performativo, mientras que el rastreo siempre involucra una presunta ‘competencia’. El mapa es más que un simple rastreo de una forma existente porque está infundido con el deseo de entender cómo el lugar puede ser navegado o cambiado. La distinción entre un mapa y un rastreo está en la base de la consideración del mapeo como una forma de diseñar una agencia que medie entre los hechos de un territorio dado y las potencialidades de lo que podría convertirse.